Blick llama al caso de San Galo «la felación más cara». Pero los casi 1.000 francos no fueron el precio del servicio: la multa ascendió a 360 francos y, con las tasas de la policía y la fiscalía, el total llegó a casi 1.000. [1]

El 13 de julio de 2026, un conductor de 24 años recibió sexo oral de su acompañante mientras conducía. Según la resolución, dejó de prestar atención a la carretera y al tráfico; además, no llevaba cinturón. La noticia no explica cómo detectó la policía a la pareja ni si la acompañante fue sancionada. [1]

La comparación nos lleva a Ginebra: en 2016, el proyecto «Café Pipe» preveía un servicio de cinco a diez minutos por 60 francos, con el café aparte. Las autoridades no autorizaron el café público. En 2018, un salón erótico privado de Veyrier ofreció un servicio parecido por 90 francos. [2] [3]

En términos aritméticos, 360 francos equivalen a seis servicios de 60 o cuatro de 90. Casi 1.000 equivalen a unos 17 u 11. La comparación ayuda a imaginar la magnitud, pero no significa que el conductor pagara 1.000 francos por sexo: las tasas del procedimiento y el precio de un servicio son cosas distintas.

La resolución no menciona pagos a la acompañante. Con un guiño, se puede suponer que la felación probablemente fue gratis, quizá por amor. Es una conjetura romántica, no un hecho probado. El gesto pudo ser gratuito, pero la distracción al volante y no llevar cinturón hicieron caro el viaje.